25 de mayo de 2012

MIRANDO HACIA DENTRO #2

A Leonard Cohen le concedieron el Premio Príncipe de Asturias de Las Letras 2011 el mes de octubre del pasado año. El músico y poeta canadiense pronunció un discurso emotivo donde no podían faltar, por supuesto, la música y la poesía. Reconoció que siempre ha tenido cierta ambigüedad sobre la poesía. “Viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Es decir, si supiera de dónde vienen las canciones las haría con más frecuencia” (El País, 22-10-2011, pág. 43). Sí, si supiésemos de dónde vienen las fotografías, entonces podríamos ir allí y traernos un puñado de ellas, o mejor aún, traernos cientos o miles. Podríamos acudir a ese lugar mágico siempre y cuando quisiéramos y cargar en nuestra mochila un montón de buenas imágenes. Sería sencillo, cómodo, incluso práctico. El único problema es que ese lugar no existe. Cohen lo sabe; por eso no ha compuesto más canciones, es decir, más de las que ya ha creado.

Las fotografías no salen de la cámara, no se conciben en el ordenador, no se crean gracias a cierto programa informático ni nacen de ningún otro aparato o herramienta, sea analógica o digital. Si fuese así, lo tendríamos chupado: adquiriendo un ordenador más potente, un nuevo modelo de cámara, un software más actual o un objetivo más luminoso seríamos capaces de crear mejores imágenes, es decir, más originales. El caso es que si existiese un sitio donde floreciesen buenas imágenes, entonces no seríamos fotógrafos, nos habríamos convertido en recolectores. Iríamos a ese maravilloso lugar y nos traeríamos un buen puñado de imágenes estupendas. Revolveríamos los montones y elegiríamos las que más nos gustasen. Podríamos decidir cuántas llevarnos y el mejor fotógrafo sería aquel que pudiese llevarse una cantidad mayor de imágenes o que tuviese más dinero para pagarlas. Ya no tendría ningún mérito ser bueno haciendo fotos porque cualquiera podría acudir a elegir las que quisiese para, más tarde, vender, exponer o publicar. El único problema, repito, es que ese lugar no existe. Habrá personas que piensen que esto es una estupidez; que todo el mundo sabe que un lugar así es fruto de la imaginación. Pero dada la poca importancia que dan muchas personas al acto de crear una imagen, parecería que piensan que, efectivamente, existe un sitio donde no hay más que elegir, pagar y recoger el pedido. O mejor aún: mirar, elegir el momento y apretar el botón.

Y la mejor prueba de que no existe lugar semejante es que son pocas, muy pocas, las personas capaces de crear imágenes que luego recordaremos años después de que nos hayan dejado. Un pequeño vistazo a la historia de la fotografía nos demuestra que seguimos dándole vueltas a lo mismo, mirando las mismas cosas y fotografiando los mismos objetos. Solo un puñado de autores ha sido capaz de edificar, sobre esa herencia, una obra personal, coherente y sólida. Un trabajo que, mirando a las mismas cosas, nos revela una mirada distinta y puede que algo más profunda. Pero para conseguir esto no hay que irse a ningún sitio extraño. No hay que viajar a destinos remotos. Ni siquiera visitar lugares “sagrados”. Por eso la buena noticia es que no necesitamos irnos lejos. No hay lugar alguno que nos asegure imágenes únicas. Quizá la mala noticia es que solamente unas pocas personas serán capaces de crear, a partir de lo ordinario, imágenes extraordinarias.

En realidad creo que me he equivocado. La buena noticia es precisamente que solo unos pocos se darán cuenta de que las fotos no vienen de ningún lugar: nacen en nuestra propia cabeza. Si fuesen muchos quienes lo averiguasen, los fabricantes de cámaras se arruinarían.


Fernando Puche
foto: Nines Mínguez
Publicar un comentario en la entrada